Psicotrampas II: El exceso de control que genera descontrol


Las psicotrampas son trampas psicológicas que los seres humanos nos tendemos a nosotros mismos, en forma de pensamientos o comportamientos, que nos atrapan y nos causan un enorme sufrimiento.


Hace un mes publicamos nuestro primer post sobre las psicotrampas, en el que explicamos la trampa de "Lo pienso y lo siento luego es real".


En el post de hoy expondremos la psicotrampa de "El exceso de control que genera descontrol".


"Debo tenerlo todo bajo control", "he de controlar hasta el más mínimo detalle", "tengo que dominar mis reacciones fisiológicas, mis emociones, mis pensamientos y mis circunstancias".


Aunque ejercer cierto control sobre nuestras propias vidas nos ayuda a adaptarnos mejor a nuestras circunstancias, algunas personas llevan esta virtud a tal extremo que terminan convirtiéndola en un problema. Esto se debe a que siempre que intentamos controlar algo en exceso, provocamos un efecto paradójico que nos lleva a perder el control de la situación.


Un ejemplo de esta psicotrampa lo podemos observar en las personas con hipocondría, que atemorizadas con la posibilidad de padecer una grave enfermedad, tratan de calmar su angustia observándose en exceso y haciéndose revisiones médicas constantemente. Estos intentos por controlar su salud no hacen sino incrementar su estrés y su miedo, que a su vez provocan un peor funcionamiento de su sistema inmunulógico y facilitan la aparición de enfermedades...


Otro ejemplo lo encontramos en las personas con trastornos alimentarios, que se obsesionan tanto con perder peso o con mantenerlo, que recurren a conductas extremas como la restricción alimenticia, los atracones, los vómitos y/o el exceso de actividad física. Estos intentos por controlar los kilos les llevan, de forma paradójica, a perder el control de su peso y de su conducta alimentaria.


Un ejemplo más lo encontramos en las personas que intentan provocarse voluntariamente una reacción que sólo surge espontáneamente, lo que también les lleva a perder el control. Así sucede que cuando nos obligamos a estar animados tendemos a deprimirnos, cuando nos esforzamos en dormir nos desvelamos, cuando nos concentramos en tener una erección o en llegar al orgasmo nos volvemos impotentes o anorgásmicos...


Por último, nuestra trampa psicológica también se manifiesta cuando intentamos controlar lo incontrolable. Si, por ejemplo, intentamos controlar mentalmente nuestras reacciones fisiológicas, lo que solemos conseguir es alterarlas más aún. Cuanto más tratamos de controlar nuestro ritmo cardíaco, más aumenta; cuanto más intentamos regular nuestra respiración, más se acelera; cuanto más tratamos de evitar sonrojarnos o sudar, más lo hacemos...


Concluimos el artículo de hoy con este simpático cuento, que ilustra a la perfección la psicotrampa de "El exceso de control que genera descontrol":

"Había una vez un ciempiés que caminaba de forma ágil y extremadamente elegante.

Un día se encontró con una rana, que le preguntó cómo era capaz de coordinar semejante cantidad de extremidades sin tropezarse.

El ciempiés le contestó:

- "Simplemente camino".

Al día siguiente, cuando la rana volvió a pasar por el mismo lugar, se encontró al atormentado ciempiés patas arriba y a punto de fallecer, mascullando lo siguiente:

- "¡Maldita la hora en que la rana me hizo pensar sobre mi forma de caminar! ¡Desde entonces no consigo aclararme!, mis patas tropiezan unas con otras y ya no he sabido caminar más!".

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