Psicotrampas III: Insistir en soluciones que no tienen éxito


Las psicotrampas son trampas psicológicas que los seres humanos nos tendemos a nosotros mismos, en forma de pensamientos o comportamientos que nos atrapan y nos causan un enorme sufrimiento.


En el post de hoy vamos a explicar una psicotrampa en la que los seres humanos caemos con suma facilidad: "Insistir en soluciones que no tienen éxito", o lo que es lo mismo, "cuando la solución se convierte en el problema".


Cuando los seres humanos nos enfrentamos a una dificultad, solemos poner en marcha una serie de conductas con la que intentamos darle una solución. En ocasiones, la estrategia que adoptamos resulta contraproducente, de manera que no sólo no resuelve nuestra dificultad sino que la mantiene o incluso la agrava.


Si a pesar de nuestro fracaso seguimos pensando que "nuestra solución intentada es la ideal" y que "si ésta no ha dado resultado es porque no hemos insistido lo suficiente", continuaremos aplicando con mayor intensidad la misma solución ineficaz, es decir, seguiremos haciendo "más de lo mismo", lo que acabará convirtiendo nuestra dificultad inicial en un auténtico problema.


Aunque pueda parecernos absurdo que alguien pueda insistir en soluciones ineficaces que terminan convirtiéndose en problemas, existen numerosos ejemplos de nuestra vida cotidiana en los que se manifiesta esta psicotrampa.


Por ejemplo, si sentimos que tenemos poca comunicación con nuestra pareja, podemos intentar ponerle remedio volviéndonos más locuaces y exigentes. Estos comportamientos suelen provocar que nuestra pareja se agobie y se vuelva más reservada, lo que nos confirma que en nuestra pareja hay poca comunicación y que debemos hablar más y exigir un mayor diálogo. Entramos entonces en un ciclo sin fin en el que exigimos diálogo porque nuestra pareja no habla, pero ésta no habla porque se siente presionada.


Otro ejemplo lo podemos observar cuando intentamos corregir con mano dura el comportamiento rebelde de nuestros hijos o hijas adolescentes. Aunque este intento de solución es eficaz con algunos adolescentes rebeldes, en la mayoría de los casos no sólo no da resultado sino que hace que éstos se vuelvan aún más indisciplinados, ya que se sienten excesivamente controlados, señalados y constreñidos por nosotros y nuestros castigos.


Un último ejemplo lo observamos cuando una persona intenta controlar a su pareja, vigilándole, poniéndole a prueba y sometiéndole a incómodos interrogatorios acerca de dónde va, qué piensa o qué hace en casa o fuera de ella. Si la pareja considera esta conducta demasiado entrometida, se negará a proporcionarle una información que, en sí, puede ser bastante inocente y carecer de importancia. Pero en lugar de conseguir que su pareja controladora renuncie a su actitud, tal intento de solución aumenta sus preocupaciones y su desconfianza. Cuanto más insiste el miembro controlador menos cede el otro; cuanto menos informa el otro, más insiste su pareja en enterarse.


Como vemos, si insistimos en aplicar soluciones ineficaces, éstas pueden acabar convirtiéndose en problemas. Por fortuna, los seres humanos tenemos la capacidad de observar nuestros comportamientos redundantes y evaluar correctamente los resultados que provocan, lo que nos permite interrumpir las soluciones ineficaces que hayamos puesto en marcha hasta entonces y sustituirlas por comportamientos alternativos y más funcionales. Como dijo una vez Albert Einstein: "Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo".


Para concluir el artículo de hoy, os dejamos esta divertida historia, que ilustra a la perfección la psicotrampa de insistir en soluciones que no tienen éxito:


​​"Había una vez un hombre que se encontraba buscando algo a media noche, bajo la luz de una farola. Al pasar un policía se dio cuenta de su apuro y le preguntó qué es lo que había perdido. El hombre le respondió: “Estoy buscando las llaves de mi casa”. El policía, compadecido, se puso también a buscarlas.

Pasados unos minutos, el policía le preguntó al hombre: "¿Está seguro de haber perdido las llaves precisamente aquí?", a lo que el hombre le respondió: “No, aquí, no, sino detrás de esos arbustos, pero allí está demasiado oscuro y no podré encontrarlas”".


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